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Palabras que sorprenden a los compatriotas:

los regionalismos léxicos

      Los regionalismos léxicos son palabras o frases que se emplean en una región pero no en la mayor parte del territorio donde se habla una lengua. En todos los idiomas hay casos de este fenómeno dialectológico, puesto que una diversidad de causas históricas y culturales determina el uso de expresiones predominantemente en un sector en contraste con el poco uso o el desconocimiento de tales formas en el resto del ámbito geográfico propio de un idioma.

      En una lengua como el español, hablado como única o primera lengua por casi quinientos millones de personas en más de veinte países que, sumados, abarcan una inmensa extensión, separados a veces por una cordillera o por un océano, no es de extrañar que hayan surgido regionalismos. También se dan dentro de cada país, a veces incluso con diferencias léxicas entre dos puntos ubicados a pocos kilómetros de distancia. Consecuentemente, en muchos de estos casos —y a pesar de vivir en una era donde las posibilidades de comunicación a distancia se han multiplicado—, el oyente o lector de esas voces que ni vive ni frecuenta la zona donde son utilizadas ignorará el significado o, aunque lo deduzca, tal vez quede sorprendido por la existencia de esas expresiones diferenciales dentro de una misma variedad nacional de español.

      A continuación, nos referiremos a tres casos de regionalismos léxicos que se incorporarán en la siguiente edición —la tercera— del Diccionario del habla de los argentinos, que elabora la Academia Argentina de Letras, y se mencionarán las particularidades que conlleva cada una de las tres voces.

angá
Relevando una gran cantidad de mensajes de Twitter, llamó la atención la alta frecuencia de la aparición de esta voz en la región noreste de la Argentina, a diferencia de su uso escaso o nulo en otros sectores del país.

Angá se emplea en el habla coloquial de esa área geográfica como adjetivo —a veces también como adverbio— con el significado (tal como se definirá en el próximo Diccionario del habla de los argentinos) de “pobre, que genera compasión o tristeza”; por ejemplo: “Hacer un festival en épocas de crisis no es hacer un festival angá” (diario Misiones On Line, Posadas, 31.10.2016). También se lo usa como interjección para manifestar coloquialmente compasión o tristeza: “Angá, diría un buen correntino, qué lejos estamos de vivir mejor con tanto resentimiento sobre ruedas” (diario Época, Corrientes, 13.04.2011).

La palabra proviene del guaraní, lengua que, en la zona del noreste argentino, ha estado en contacto con el español desde la conquista y colonización peninsular. Como se emplea con el sentido de “pobre”, “pobremente” o como interjección, no está designando una realidad particular de la zona, sino una cualidad o sentimiento humanos, de manera que es una forma que adoptan los habitantes de determinada región de un país para referirse a algo universal.

pollajería

      Como vimos, la voz anterior, angá, se emplea en la zona guaranítica, por lo tanto puede afirmarse que, al abarcar —total o parcialmente— algunas provincias, el área de uso es bastante extensa. Diferente es el caso de pollajería, una palabra que se usa, fundamentalmente, en la ciudad de La Plata y alrededores. Se trata del “establecimiento comercial dedicado en particular a la venta de pollo y alimentos elaborados con él”, un tipo de local comercial que, en la mayor parte del país, se denomina pollería o granja.

      El fenómeno resulta todavía más infrecuente si se tiene en cuenta que pollajería es una forma inusual —y muchas veces desconocida— solo a unas pocas decenas de kilómetros, en un conglomerado urbano de más de diez millones de habitantes (el área metropolitana formada por la ciudad de Buenos Aires y el conurbano) y con mucho intercambio laboral, comercial, social, etc., con la ciudad de La Plata.

      Más allá de su evidente proximidad formal con la palabra pollería, no se encontraron datos certeros de por qué en la capital bonaerense se prefirió pollajería, pero la opción por esta forma se encuentra bien consolidada, como lo prueba la presencia de la palabra inscripta en grandes letras en las vidrieras y los frentes de este tipo de establecimientos, ejemplo muy elocuente del uso asentado del término:

eisteddfod

      No es un esfuerzo de imaginación sospechar la sensación de perplejidad de la gran mayoría de los argentinos si se nos dice que esta palabra se usa en una extensión no menor de nuestro territorio, mayor en tamaño (si bien con mucha menos población) que Gran Bretaña.

      Al menos en buena parte de la provincia del Chubut, sus habitantes conocen la palabra y su significado, que se publicará definida así en la próxima edición del mencionado diccionario: “Festival tradicional de poesía, música, danza y otras artes que celebra y recrea esas expresiones culturales principalmente como se han manifestado en Gales”; necesariamente, la definición estará precedida por una nota que indica dónde se usa la palabra: “En la región de la provincia del Chubut donde se ha establecido, desde la segunda mitad del siglo XIX, la colonización galesa”. Su ejemplo de uso será el siguiente: “Una vez que [los inmigrantes galeses] lograron establecerse, tuvieron la necesidad de reunirse para cantar al Señor y también dar rienda suelta a su creatividad y es así como surgen los primeros  eisteddfods en la Patagonia” (Stella Maris Dodd, La magia del arte convoca al pueblo: el eisteddfod. Buenos Aires, 1992, p. 15). La nota etimológica, previsiblemente, observa que es una voz galesa.

      Es evidente que estamos aquí ante un término de grafía exótica para nuestros ojos habituados a la escritura en español o, en alguna medida, a las lenguas extranjeras más frecuentadas por los argentinos. Aunque el idioma galés convive en su tierra natal —al formar parte del Reino Unido— con el inglés, se trata de dos lenguas notoriamente diferentes, puesto que el galés es de origen céltico, mientras que el inglés es una lengua germánica. Así, estos dos idiomas son más extraños entre sí que, por ejemplo, el español y el francés. Consecuentemente, también ajena a la enorme mayoría de los argentinos nos resulta la pronunciación de eisteddfod (en caracteres fonéticos: [Ə(i)´stƐðvƆd]). Al tratarse de un extranjerismo crudo, es decir, no adaptado a la ortografía ni a la fonética española, la recomendación es escribirlo en cursiva.

      Y sin embargo, en general, ni la palabra escrita ni su pronunciación es ajena a los chubutenses: es escuchada, leída y entendida desde Puerto Madryn, en la costa atlántica, hasta Trevelin, casi al pie de la cordillera de los Andes, una distancia de unos 600 kilómetros (aproximadamente el doble de trayecto que si se atraviesa Gales).

      La presencia de esta voz en el repertorio léxico de un grupo de argentinos responde a un fenómeno cultural que se produjo desde mediados del siglo XIX en Chubut: la inmigración galesa. En 1865, desembarcó el primer contingente de colonos provenientes de Gales, donde el dominio británico les impedía el ejercicio libre de su cultura, como sus prácticas religiosas o el uso público del galés. La perseverante colonia prosperó y se estableció en ciudades y pueblos como, además de los dos sitios mencionados, Trelew, Gaiman y Dolavon. Es esperable que, con aquel propósito férreo de preservar su identidad cultural que los llevó a una migración a tierras tan distantes, ciertas tradiciones galesas se mantengan hasta el presente. Una de ellas, el eisteddfod, practicado desde hace siglos en Gales, sigue celebrándose en diversas localidades y variantes, año tras año, en la región patagónica donde se asentaron aquellos colonos célticos que atesoraron su cultura.

      El interés de esta columna es ejemplificar, a través de tres voces que se incorporarán en la próxima edición del Diccionario del habla de los argentinos, la presencia de diferentes tipos de regionalismos léxicos en la Argentina. Cada uno tiene sus particularidades: angá es un indigenismo cuya forma se adapta a la pronunciación española y cuyo significado hace referencia a una realidad general de la naturaleza humana; pollajería es una voz de uso geográficamente muy concentrado que nombra una realidad comercial general del país; eisteddfod es un extranjerismo crudo que designa una realidad cultural particular de la región donde se emplea. Los tres términos, para la mayoría de los argentinos que habitan el resto del país, resultan casi o totalmente desconocidos, mientras que para los hablantes de determinadas zonas geográficas, son palabras usuales, “naturales”, de su lengua.