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SU DISCURSO DE RECEPCIÓN PÚBLICA
«Palabras de este mundo», por Ángela Pradelli

 


En 1985, el diario Libération de París publica un número especial en el que 400 escritores deben responder una sola pregunta, la misma para todos. Pour quoi écrivez-vous? ¿Usted por qué escribe? Algunos contestan que lo hacen por catarsis, otros porque la escritura les resulta la expresión más alta, o porque quieren dejar su propia huella en este mundo. Uno de esos escritores es el italiano Ferdinando Camon, nacido en un pequeño pueblo de la zona rural del Véneto, cuyas obras fueron traducidas a más de veinte idiomas. Profesor de Lengua y Literatura en escuelas secundarias durante muchos años. Como periodista publica en importantes medios de distintos países. En el momento en que le hacen la pregunta Camon tiene 50 años.

Io? Io scrivo per vendetta, non per giustizia, non per santità, non per gloria, ma per vendetta. Yo escribo por venganza, no por justicia, ni por santidad, ni por gloria, sino por venganza. Todavía siento dentro de mí esta venganza como justa, santa, gloriosa. Mi madre sabía escribir sólo su nombre y apellido. Mi padre, apenas un poco más. En el pueblo en que nací, los campesinos analfabetos firmaban con una cruz. Cuando recibían una carta del municipio, del ejército o de la policía, nadie más les escribía, se asustaban y acudían al cura para que se las leyera. Los vi pasar muchas veces, caminaban rápido, con la carta en la mano. Yo tenía doce años, pero lo recuerdo muy bien. Desde entonces sentí la escritura como un instrumento de poder. Y soñé siempre con pasar del otro lado, poseerme de la escritura, pero para usarla a favor de aquellos que no la conocían: para cumplirles sus venganzas.

Todo pasado es una herida. Y toda herida un palimpsesto en el que vamos escribiendo nuestras palabras y construyendo nuestros universos de experiencias con textos que a veces logramos corregir. Por momentos, las palabras de esa herida se aquietan tanto que parecen dormidas o desmayadas para siempre, sin embargo, hay días en que algo, un perfume de infancia, un sabor dulce o tal vez avinagrado, algo, conmueve nuestra memoria y nuestra lengua y nos asomamos a la herida que sigue ahí, repleta de palabras, algunas de las cuales quisiéramos olvidar para siempre […].

Leer el discurso completo de Ángela Pradelli, académica de número de la AAL, pronunciado el 26 de marzo de 2026 en el acto de la Academia Argentina de Letras en que celebró su recepción pública.


 


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