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Estimado Don José Luis:
Me permito utilizar este tratamiento tan extraño para nosotros pero tan apropiado para usted, a pesar de su juventud, porque hace honor a su señoría personal y a su saber profesional.
Ciertamente, su amplio currículum hace notoria una producción admirable para su edad: ciento treinta y seis ponencias, veintiún libros, setenta y un capítulos, ciento dieciséis artículos, once introducciones, treinta y nueve reseñas, además de obras de creación literaria, número que seguramente ha crecido en estos últimos meses. Más allá de esta cantidad y variedad, han resul¬ta¬do valiosos para este cuerpo académico sus intereses lingüísticos por el español americano, que se revelan en sus obras La lengua que hablaban los próceres. El español de América en la época de las Independencias; Textos para la historia del español XI. Honduras y El Salvador (1650-1819); Documentos lingüísticos de la Guatemala dieciochesca (1690-1810); Léxico histórico del español de Centroamérica. Honduras (1650-1819); La palabra olvidada. Lengua y literatura en Centroamérica (siglos XVI-XIX); Estudios sobre la historia léxica del español mexicano en el siglo XVIII; La identidad léxica del español mexicano en el siglo XVIII; Léxico histórico del español de El Salvador (1650-1803).
También interesó mucho a esta Academia el hecho de que haya usted realizado y siga realizando estancias de investigación en nuestro continente, con proyectos de investigación en el Uruguay y en México y especialmente en la Argentina, a la que viene anualmente desde el 2000, con estadas oficiales o personales, para hacer investigaciones y dictar cursos, seminarios y conferencias. Asimismo, es relevante su compromiso con otras academias americanas (México, El Salvador, Honduras y Guatemala), de cuyas tareas participa activamente.
Por todo esto, los miembros de esta Academia nos complacemos en designarlo como Académico correspondiente con residencia en España: creemos que su participación en esa jerarquía puede resultar fructífera para la AAL, ya para aportar insumos, ya para integrarse a sus tareas o para visitarla y ofrecer comunicaciones con los frutos de sus labores heurísticas, como la que en unos instantes nos presentará.
De acuerdo con este sentir, le damos la bienvenida a esta casa que ahora es también suya, con la esperanza de que la visite con frecuencia o se comunique con ella virtualmente, pues será un honor y un seguro beneficio para nosotros y para las tareas que nos reúnen. Muchas gracias por haber aceptado unirse a nosotros.
Discurso de Pablo Cavallero, secretario general de la AAL,
pronunciado el 27 de agosto 2026 en el acto en nuestra sede en que celebró
la recepción pública del académico correspondiente José Luis Ramírez Luengo.
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