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¿Las pantallas representan un riesgo para el desarrollo del lenguaje o estamos pasando por alto otros factores igual de importantes?

Andrea Cristina Álvarez Pacheco, en Observatorio Tecnológico de Monterrey (México) — El creciente acceso de las infancias a dispositivos digitales ha generado un amplio debate sobre el posible impacto de las pantallas en el desarrollo del lenguaje durante la primera infancia. Sin embargo, el uso de pantallas y su relación con el desarrollo del lenguaje infantil es un tema más complejo de lo que suele plantearse.
Diversos estudios como los de Madigan, et al. (2020) y Nwachukwu et al. (2025) han encontrado una asociación entre el uso prolongado de pantallas durante la primera infancia y un mayor riesgo de dificultades en el desarrollo del lenguaje. En promedio, los niños con mayor exposición a dispositivos electrónicos tienden a presentar un inicio más tardío en la aparición de sus primeras palabras, un vocabulario más limitado y mayores dificultades para comprender y utilizar el lenguaje de manera efectiva. Además, estudios como el de Massaroni et al. (2023) han observado que estos niños pueden presentar desafíos en la comunicación social, como participar en conversaciones, responder a los demás o realizar intercambios comunicativos propios de su edad, así como en la alternancia de turnos conversacionales.
Sin embargo, la evidencia indica que estos efectos no dependen únicamente del uso de pantallas, sino también de la forma en que se utilizan. La relación entre el tiempo de pantalla y las dificultades del lenguaje es más consistente cuando la exposición comienza antes de los dos años de edad, una etapa especialmente sensible para el desarrollo cerebral y la adquisición de habilidades comunicativas. Durante este periodo, niñas y niños aprenden el lenguaje principalmente a través de la interacción directa con las personas que los rodean.
Asimismo, el riesgo parece aumentar cuando el tiempo de exposición es elevado y el contenido se consume de manera pasiva, por ejemplo, al permanecer largos periodos viendo videos sin participar en actividades que estimulen la comunicación. En estas circunstancias, las oportunidades para escuchar, responder, hacer preguntas o compartir experiencias con otras personas disminuyen considerablemente, limitando las experiencias que favorecen el desarrollo del lenguaje […].
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