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Según Jorge Luis Borges la verdadera pasión argentina no es el amor, sino la amistad. Sostuvo además que en las obras literarias argentinas principales el tema es la amistad. A lo largo de su vida confirmó que «la pasión que realmente sienten los argentinos es la amistad». El gran escritor disfrutó de los dos elementos configurativos del alma y la vida de un hombre: familia y amigos.

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Amigos de toda la vida.
Alicia Duo, en Los Andes — En la entrevista realizada a Jorge Luis Borges por Abelardo Arias, (octubre 1962), Borges hizo referencia a la amistad. Expresó que hay una pasión que él llamaría pasión argentina. «Y esta pasión no es el amor, sino la amistad. En las obras argentinas, el tema es la amistad». Ejemplificó con Fausto de Estanislao del Campo, cuyo tema no se basa tanto en la ópera, sino en la amistad de los dos paisanos; con Martín Fierro (la amistad de Fierro y Cruz); con las novelas de Eduardo Gutiérrez y con Don Segundo Sombra, por la amistad del tropero y el joven aprendiz. Confirmó que «la pasión que realmente sienten los argentinos es la amistad».
Borges disfrutó de los dos elementos configurativos del alma y la vida de un hombre: familia y amigos. Acompañó a su madre Leonor hasta su muerte (noventa y nueve años), adoraba y admiraba a su hermana Norah; recordaba a su abuela Haslam que le enseñó a leer y hablar en inglés antes que en español; a su padre de quien disfrutó ideas, conocimientos, surtida biblioteca y notables amigos; a sus abuelos militares, venerados con sentimiento de culpa por elegir las letras y no la espada, a los Haedo, sus parientes uruguayos. Pero sobre ello, Jorge Luis Borges disfrutó y se rodeó de amigos.
Prologó, comentó con críticas favorables y sacó a luz a escritores dignos de conocerse en revistas y diarios en los que él escribía. Ofreció abierto lugar a hombres y mujeres de la literatura argentina. Muchos permanecieron en su vida con trato fiel y persistente, incluso con ascendencia sobre su propia escritura. Estando en Europa, muy jovencito, sintió gran devoción a quien consideró su maestro, Cansino Assens, con quien se carteaba.
Mantuvo estrecha y larga amistad con Adolfo Bioy Casares, con Silvina y Victoria Ocampo. Fue amigo de Alfonso Reyes (Premio Nobel) con quien intercambió profusas y amables cartas. Tuvo incuestionable admiración por Macedonio Fernández, a quién evocó notoriamente por ser «el padre del vanguardismo en Argentina» y lo consideró su mentor espiritual. Ricardo Rojas visitaba la casa de los Borges al igual que Evaristo Carriego —amigo de su padre—. Ambos le dejaron recuerdos imborrables que contribuyeron a perfilar su literatura. Con Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Alberto Gerchunoff, Ezequiel Martínez Estrada, Enrique Banchs, Horacio Quiroga, Alberto Arrieta, Samuel Glusberg, Baldomero Fernández Moreno, Arturo Capdevila y Manuel Gálvez conformó el grupo de escritores fundadores de la Sociedad Argentina de Escritores Nacional […].
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