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Roberto Bosca, en La Prensa — Pedro Luis Barcia [académico honorario de la AAL] publicó hace tres años La identidad de los argentinos, un grueso volumen en el que realiza un minucioso estudio sobre una gran cantidad de textos de pensadores autóctonos acerca de lo que se ha denominado el ser nacional: qué es la patria y qué nos constituye en ella como argentinos, con sus idas y venidas y sus más y sus menos. Él no es de esos patriotas idealistas, sino que pisa el terreno de la realidad, y construye a partir de ella.
No se trataba de un simple compilado sino de un nutrido ensayo de análisis global de lo que expresaron los hombres y mujeres que construyeron el pensamiento argentino.
Quien lea esta obra podrá tener una visión muy precisa de quiénes somos y cómo nos vemos o qué hemos dicho de nosotros mismos desde que nos constituimos para vivir en común con un mismo proyecto de futuro.
En esta nueva entrega de su quehacer académico, Barcia regresa una vez más al mismo y perenne tema de la identidad, pero lo hace de un modo completamente diferente, con un enfoque particular que se condensa a través del prisma del lenguaje. A su juego lo llamaron, porque es un avezado filólogo y pocas dudas caben de que hoy por hoy es uno de los mejores lingüistas con que cuenta el país.
En rigor y más que regresar, se puede decir de un modo más acertado que la identidad en Barcia es el eje permanente de su literatura. No lo digo solamente porque esta temática sea recurrente en ella, sino porque podría decirse que él no ha hecho otra cosa en su vida que practicar el arte de darle vueltas a la identidad argentina, ese diamante de infinitas facetas […].
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