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En Las edades del tango, el historiador Sergio Pujol reconstruye más de un siglo de su historia. Propone leer al género como un espejo de las transformaciones políticas, culturales y sociales de Argentina.

Sergio Pujol en Buenos Aires, el 12 de mayo. Crédito: Mariana Eliano.
Diego Jemio, en El País — El tango es una música de tristeza y melancolía. Astor Piazzolla fue un genio, pero su llegada sirvió para terminar de «matar» al tango. La mayoría de los intérpretes eran «orejeros», que tocaban de oído y no sabían leer partituras. Muchas de esas afirmaciones funcionan como verdades irrefutables; auténticas máximas que se fueron repitiendo en torno al tango, esa constelación artística que incluye música, danza y poesía, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.
Con la idea de romper con algunos de esos mitos y prejuicios, así como de escribir una historia social de esta expresión artística rioplatense, el escritor e historiador Sergio Pujol (sesenta y siete años, La Plata) publicó Las edades del tango: de 1897 al siglo XXI (Editorial Planeta). La obra monumental, de más de seiscientas páginas, analiza los contextos socioeconómicos y políticos que generaron sus condiciones de posibilidad. Además, propone pensar el tango no solo como una expresión artística, sino también como un mirador desde el cual narrar la sociedad argentina.
[…] Miembro titular de la Academia Porteña del Lunfardo, la Academia Nacional del Tango y la Academia Argentina de Letras, Oscar Conde cree que uno de los grandes méritos del libro de Pujol es abordar «la historia del tango completa». «Es una historia que llega a nuestros días. Con la aparición del noneto de Astor Piazzolla, el tango cambia de una manera tan dramática que parece dejar de reconocerse como tango. Pujol nos cuenta desde adentro los oscuros años 60 y 70, la reaparición del espectáculo Tango Argentino en los 80 y el resurgimiento de las milongas en Buenos Aires y otras ciudades, además del nacimiento y aparición de nuevas orquestas y creadores jóvenes» […].
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