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El autor de Ficciones escribió una obra en la que puso en juego una forma de entender la lectura y la escritura.

Jorge Luis Borges, polémico en términos políticos, indiscutible en materia literaria. Archivo General de la Nación.
Silvina Friera, en Página/12 — La ejemplar transgresión de Jorge Luis Borges, a cuarenta años de su muerte, no reside en sus cambiantes ideas políticas, sino en sus posiciones literarias. El escritor que murió a los ochenta y seis años en Ginebra (Suiza), el 14 de junio de 1986, escribió una literatura en la que puso en juego una forma de entender la lectura y la escritura. Más que una sombra que le pisa los talones a quienes comienzan a esbozar un destino literario, habilitó un territorio de posibilidades para autoras y autores de la Argentina y del mundo y le dio al castellano «un nuevo tono, una forma de adjetivar maravillosa y única», como señala el narrador, poeta y académico Eduardo Álvarez Tuñón [académico de número y tesorero de la AAL]. El legado de este vanguardista que rearmó el sistema literario, como lo interpretó Beatriz Sarlo, y lo político en sus páginas, pero también en sus acciones es revisitado por Luis Gusmán, Carlos Gamerro, María Rosa Lojo, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Natalia Zito y Hernán Ronsino.
[…] El escritor y académico de la lengua Eduardo Álvarez Tuñón propone ir «más allá” y preguntar por el legado borgeano en la literatura universal, prescindiendo de fronteras. «En 1929 escribió unas páginas sobre Whitman, en las cuales afirmó que la grandeza del autor de Hojas de Hierba era tal y su intensidad tan avasalladora que asumía la forma de lo invisible, de lo abstracto y que se proyectaba aun sobre quienes no lo habían leído. Ese juicio le resulta aplicable. Borges dio a la literatura argentina una visión de universalidad. Unió lo nuestro con el mundo, nos enseñó una forma hedónica de leer y dio al castellano un nuevo tono, una forma de adjetivar maravillosa y única. Es imposible leerlo en voz baja», plantea Álvarez Tuñón y lo caracteriza como «un espía de Dios», expresión de William Shakespeare a la que recurría para definir y alabar a los poetas que admiraba.
[…] Borges fue anarquista, radical y visceralmente antiperonista. Apoyó al dictador chileno Augusto Pinochet, pero también firmó una solicitada de las Madres de Plaza de Mayo y asistió a una audiencia del Juicio a las Juntas. ¿Cómo leer lo político en Borges? «En su ensayo sobre Leopoldo Lugones, Borges dijo: ‘Lo terrible es que Lugones sigue siendo juzgado (absuelto por unos y condenado por otros) por lo más superficial que hubo en él: sus cambiantes ideas políticas’. Parecería estar hablando de él mismo», sugiere Álvarez Tuñón. «También sostuvo que la política era una de las formas del tedio. Al mencionar a Dostoievski, en una conferencia, dijo: ¿Cómo puede haberse obsesionado por la política y no advertido que es una mera rama de la administración? Casi siempre sus posiciones suscitaban rechazo, con razón. Deberíamos prescindir de ellas, no entrar en polémicas vanas y leerlo. Solo leerlo. En su obra está lo esencial» […].
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