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En la singular jerga de los argentinos, que nació marginal y hoy es parte de la cultura, existen distintas maneras de referirse a la plata, cada una con una historia distinta.

El dinero hace el mundo girar, dice la canción, y además genera un sinfín de palabras para mencionarlo. Crédito: Shutterstock.
Germán Wille, en La Nación — En la Argentina, las múltiples formas que utilizamos para referirnos al dinero están asociadas con el lunfardo. Si bien muchas de estas palabras no forman parte del vocabulario formal o «culto», ya están instaladas en nuestro lenguaje cotidiano.
El lunfardo nació en los suburbios y en los ámbitos carcelarios porteños al calor de la gran inmigración europea que llegó a nuestras costas a fines del siglo XIX y principios del XX. Si bien fue un lenguaje marginal en sus comienzos, desarrolló una gran cantidad de términos —unos 5000— para mencionar cosas, objetos o personas. Y el dinero no podía ser la excepción.
Una de las palabras más usadas popularmente para nombrar este bien tan preciado es «guita». «Con guita cualquier gil es vivo», declamaba Julio Sosa en «Pa’que sepan cómo soy», de 1951.
Pero el origen de este vocablo sería mucho más antiguo que el tango: vendría de vitta, palabra en latín para nombrar una cinta o venda. La etimología textil se completa unos siglos más tarde en España, donde se llamó «guita» a una cuerda fina de cáñamo o un cordón. Resulta que con este cordel se ataban los fajos de billetes y se cerraban las bolsas que contenían monedas. ¿Cómo fue que la palabra «guita» pasó del cordel al billete? Se cree que esto se dio cuando alguien pedía al dueño de la bolsa con el dinero «aflojá la guita», como para que este tuviera a bien sacar algunos pesos de allí adentro.
Otro de los términos que propone el lunfardo es «mango». En la década del 60 Tita Merello se preguntaba: «¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?». La letra de este clásico daba cuenta de que la palabra «mango» estaba instalada en el habla popular, sin necesidad de explicación alguna. Es más, esa canción fue estrenada mucho antes, en el año 1933.
Previamente, en 1929, Enrique Santos Discépolo había escrito el tango Yira, yira donde una estrofa sentencia: «Cuando rajés los tamangos, buscando ese mango que te haga morfar» […].
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