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En el año es que se cumple el 40.º aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges (1986-2026), la prestigiosa académica nos brinda esta nota como homenaje y recuerdo al genial escritor.

Jorge Luis Borges
Los Andes — Dentro del largo y complicado sueño que es la vida, Jorge Luis Borges sueña otro sueño, su obra; juega otro sueño y engendra otros soñadores, sus personajes.
El escritor construye «para sí su mejor ficción y, con todo rigor, habita en ese ensueño único, incompartible», porque le teme a la realidad y a asumir cualquier compromiso con los hombres. Tal vez, por eso, afirme que «la ceguera es un don», que no significa la desdicha total, que debe entenderse como «un instrumento más entre los muchos, tan extraños, que el destino o el azar nos deparan», como «un modo de vida: [...] uno de los estilos de vida de los hombres».
La idea de «soñar el mundo», que esgrime Borges a lo largo de toda su obra, nos habla de su carácter ficticio, de su fugacidad, de su índole literaria —«…mejor que sea falso, es decir, literario»—, y se relaciona con la denotación de «alucinatorio», pues el acto de soñar-crear nace de algo que ofusca, seduce, sorprende, asombra, deslumbra, emociona, de esa realidad solo visible para el soñador creador, aunque Borges confiesa no saber qué es la realidad, y qué, la irrealidad: «...lo real es una de las configuraciones del sueño».
La literatura es un sueño, pero dirigido, deliberado. ¿Cree Borges, con el persa Omar Khayyam, que «la historia del mundo es una representación que Dios, […], planea, representa y contempla, para distraer su eternidad»? «¿Qué habrá soñado el Tiempo hasta ahora, que es, como todos los ahoras, el ápice? Ha soñado la espada, cuyo mejor lugar es el verso. Ha soñado y labrado la sentencia, que puede simular la sabiduría» […].
Seguir leyendo el artículo de la académica de número de la AAL Alicia María Zorrilla publicado en La Nación, el viernes 8 de mayo.
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