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Noticias de Bariloche — El filósofo [y académico de número de la AAL] Santiago Kovadloff brindó una charla en Casa Bachmann sobre la obra del pintor Juan Lascano.
La muestra en Casa Bachmann del pintor Juan Lascano, Paisaje de mujer, centrada en desnudos, es en sí misma una sorpresa, y el hecho de que el filósofo Santiago Kovadloff se haya incorporado a la propuesta a través de una charla, el pasado 2 de abril, a las 18, sumó una cuota de relevancia.
Kovadloff, al referirse a las obras de Lascano, señala: «Sus desnudos son tan frontales que, en primera instancia, uno podría presumir que se está ante algo que pide intimidad y no exposición. Sin embargo, en la historia de la pintura, el desnudo, por lo menos tal como nosotros lo conocemos, se remonta hasta el siglo XIX. En consecuencia, creo que tal vez puede resultar, en el contexto de la ciudad, quizás a fuerza de inusual, algo inquietante, porque se parte de la impresión de que se está ante desnudos, cuando, en verdad, se está ante obras de arte que se valen del desnudo para expresar lo que el pintor tiene necesidad de decir».
En ese sentido, el escritor evoca el cuadro célebre donde René Magritte, debajo de una pipa, colocó la frase «Ceci n’est pas une pipe» (Esto no es una pipa). «Se podría decir que, hasta cierto punto, los desnudos de Lascano podrían tener esa consigna: ‘Esto no es un desnudo’. Es decir, son obras de arte que representan un desnudo. Por lo tanto, lo que piden es la mirada de un contemplador de la obra y no de un espía de la desnudez», reflexiona el poeta.
Kovadloff conoció a Juan en 2022, durante la segunda edición del foro Consenso Bariloche, en el hotel Cacique Inacayal, cuando el escritor, en ese marco, brindó una charla. Por la noche, durante la cena, charlaron más allá de la temática convocante. «Hablamos de poesía y de pintura. Con mucho reconocimiento recíproco en cuanto a los intereses que teníamos. Él notó que, a mí, la pintura me importaba mucho, y yo encontré en él a un lector. En consecuencia, pudimos conversar con mucha fluidez y hasta cierta intimidad», dice el escritor.
El ensayista y poeta, acerca de la impresión que tuvo al observar los cuadros de desnudos de Lascano, indica: «Me interesó muchísimo el hecho de que pudiera, en apariencia, presentar un mundo de formas nítidas, pero que en verdad era fundamentalmente un trabajador de la luz al servicio de la cual ponía el desnudo».
—¿Cómo ha sido tu relación con la pintura a lo largo de la vida? ¿En qué momento comenzaste a disfrutar de ese tipo de expresión artística?
—Desde muy joven. Te diría que, en mí, fueron simultáneas las vivencias de la literatura, la filosofía, la música y la pintura. Me desplazaba de una a otra con enorme curiosidad y emoción. Y, al mismo tiempo, me encantaba leer sobre la vida de los pintores. Ahora tengo ochenta y tres años, y recuerdo haber leído a los quince —y me resulta inolvidable— la vida de Henri de Toulouse-Lautrec, escrita por Pierre La Mure (el libro es de 1950, y se titula Moulin Rouge). Me conmovió profundamente. Junto con eso, el descubrimiento generado por un primer viaje a Europa a los diecisiete años. Recorrer Florencia, haber estado en la Toscana… Descubrir la pintura de los grandes clásicos italianos. Todo eso se produjo con mucha naturalidad e intensidad. Además, estuvo el hecho fundamental de tener un hermano, Hugo, que, antes de ser un gran fotógrafo como lo es hoy, fue un pintor tenaz. En su fotografía, es posible advertir las huellas que dejó el pintor […].
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- El Cordillerano:
«Kovadloff en la muestra de Juan Lascano: una presentación que fue una pinturita»
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