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Los beneficios a largo plazo para la salud de nuestro cerebro están bien sustentados, aunque la verdadera fluidez requiere práctica dedicada y exposición durante años.

La verdadera fluidez en un idioma requiere práctica dedicada y exposición durante años.
Crédito: Getty Images
BBC Mundo — […] ¿Cuál es la mejor manera respaldada por la ciencia para aprender un idioma? Para saberlo, me junté con dos investigadores del laboratorio de aprendizaje de la Universidad de Lancaster, los profesores Patrick Rebuschat, experto en lingüística y ciencia cognitiva, y Padraic Monaghan, especialista en cognición en el departamento de psicología.
Ellos me permitieron hacer parte de un experimento que diseñaron para imitar el aprendizaje de idiomas en el mundo real y revelar cómo nuestros cerebros escogen y le dan sentido a las palabras nuevas y los sonidos. La tarea consistía básicamente en simular cómo nos las arreglaríamos si nos dejaran por un día en un país nuevo con un idioma que no conocemos y solo pudiéramos usar nuestra capacidad innata para procesar los nuevos y misteriosos sonidos que escuchamos alrededor y hacer que tengan un sentido.
Sin haber aprendido un idioma nuevo en dos décadas, estaba a punto de incursionar en el mandarín y el portugués. Durante seis días me pasé 30 minutos diarios haciendo tareas y evaluaciones. Terminé, no hice ninguna pregunta, y esperé que concluyera el experimento para comentar sobre la experiencia.
Monaghan me explicó que ese tipo de estudios experimentales se usa para establecer cómo las personas comienzan a entender un nuevo lenguaje. De forma intencional, nadie me dijo de antemano de qué se trataba la tarea. Pero los investigadores me explicaron después que la idea es que activara mi capacidad cerebral para el aprendizaje transituacional (CSL, por sus siglas en inglés). Se trata de nuestra habilidad natural e instintiva de usar estadísticas para poder entender de forma gradual los significados de las palabras y la gramática básica.
Esencialmente es la habilidad de nuestro cerebro para reconocer patrones en el habla (como por ejemplo cómo una palabra funciona mejor que otras) basándose en la frecuencia de uso […].
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