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Un análisis de la novela inicial de alguien que había surgido ya como un autor consumado.

Eduardo Balestena, en La Capital, de Mar del Plata — «—Che, ¿vos escribiste una novela? Porque llamaron diciendo que ganaste un premio…
La que hablaba por teléfono desde la casa de Sáenz Peña a las oficinas de la Caja Nacional de Ahorro Postal ese 15 de marzo de 1955 era Celia, casi ignorante de que, prácticamente a escondidas, su hermano había escrito un libro titulado Rosaura a las diez, según la evocación que el premiado muchas veces hizo de la noticia que habría de cambiar el rumo de su vida.
Había nacido un escritor».
(Juan José Delaney, Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura, una biografía literaria. Corregidor, Buenos Aires, 2006, pág. 45).
Cientos de novelas de toda América Latina fueron enviadas a concursar por el premio Kraft, cuyo jurado estaba integrado por Rafael Alberto Arrieta, Roberto Giusti, Frida Shultz de Mantovani, Álvaro Melián Lafinur y Manuel Mujica Láinez.
El hecho de que Denevi [fallecido académico de número de la AAL] no perteneciera al mundo literario y fuera entonces un desconocido habla de la transparencia del concurso y de la idoneidad de los jurados. Además de la recompensa de $ 30.000, la publicación del libro, el premio incluía el diez por ciento de los derechos de autor y la posibilidad de la publicación en inglés y francés.
Rosaura a las diez era la novela inicial de alguien que había surgido ya como un autor consumado […].
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