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NOVEDADES EDITORIALES DE NUESTROS ACADÉMICOS

Veinticuatro variaciones para una sola voz,
de Santiago Kovadloff

 

PUBLICACIÓN FUERA DEL CATÁLOGO DE LA ACADEMIA ARGENTINA DE LETRAS.
EN VENTA EN LIBRERÍAS.

Libro de poesías del vicepresidente y académico de número SANTIAGO KOVADLOFF,
publicado por Editorial Vinciguerra.


Daniel Gigena, en La Nación — En sentido recto y en sentido figurado, la voz es protagonista del nuevo poemario de Santiago Kovadloff (Buenos Aires, 1942). Las páginas impares de Veinticuatro variaciones para una sola voz alojan poemas escritos entre 2022 y 2025, mientras que, en algunas de las páginas pares, debajo de los títulos, mediante códigos QR se puede escuchar al autor recitar el poema elegido (excepto uno, los demás comparten un tono de levedad tan humorística como filosófica). En el primer QR, que oficia de prólogo, el autor presenta los veinticuatro poemas. «Aquí están condensados días y días de trabajo, de espera, de búsqueda, de momentos de iluminación, porque eso es la poesía. Lo que ingresa a las palabras del poeta es vida revelada, no es solo vida vivida», afirma. Para Kovadloff, en cuya obra la poesía opera como maestra de la prosa, «los aciertos en literatura son verdaderamente desconciertos».

El número de variaciones parece aludir a las veinticuatro horas del día, descriptas como «incontables» y «piadosas» por su manera de ir llevándolo «cada vez más lejos, lentas y calladas / como si no quisieran decirme adónde». Puede ser que una hora concreta de la experiencia personal, como pasa en «Siesta», se transforme en vehículo de vivencia poética: «Son las tres. Yo debería / estar durmiendo mi siesta de todos los otoños, / hundido en el sosiego de esta casa ya sin hijos. / Aquí el silencio es la voz de casi todo / lo que aún calladamente late».

Como en La suma de los días, la reflexión sobre la identidad, la existencia y la muerte atraviesa y resignifica los poemas. En condiciones de ensueño o de vigilia insomne, donde se perciben las voces de Manuel Bandeira y Fernando Pessoa, se perfila la imagen del autor: «Yo ya soy sin embargo una larga despedida / y pronto y solo, un último lugar»; «Solo un hombre que respira, mira, ignora / y se pierde, al contemplar, en lo que mira», «un hombre asomado al infinito», y, en el excepcional poema «British Airways 0244», donde un hecho anecdótico condensa (y también diluye) el paso del tiempo, «un hombre transcurrido y solo, / sin deudas, sin rencores, sin nostalgia».

El QR de la contratapa permite acceder a un video donde se ve a Kovadloff en su biblioteca, leyendo una suerte de epílogo sobre el método de selección y composición de los poemas. «Estas son, en el mejor de los casos, las confesiones de un artesano empeñoso, y es probable que poco importe a quien lea este libro», advierte, mientras espera que sus variaciones provoquen un «mínimo resplandor» en la vida de los lectores. Un buen ejemplo de esta promesa se da en el poema «En la sala”, donde la pregunta que el retrato de un ser querido, ya difunto, le hace al poeta es la que él mismo se hace y que extiende, con su voz, a los lectores: «¿Qué ha sido de mí?».

Fuente: La Nación.



La Oficina de Comunicación y Publicaciones de la Academia Argentina de Letras no vende este título. Consulte en la editorial Vinciguerra o en Yenny-ElAteneo.


Reseñas del libro en la prensa

  • La Gaceta: «Variaciones de Santiago Kovadloff»

    Fernando Sánchez Sorondo, en La Gaceta — Santiago Kovadloff es uno de los más inspirados escritores, tanto en su poesía como en su narrativa y en sus ensayos. Poeta de la poesía y de la vida. Poeta de la política. Poeta de la duda. Porque, como decía Aristóteles, «todos los géneros son géneros de la poesía». Y estas «Veinticuatro variaciones para una sola voz» —su nuevo poemario— son otras tantas variaciones del propio autor en las más diversas ramas de su quehacer: como poeta, filósofo, profesor, traductor y actor, como animador de verdaderos encuentros entre la voz dicha y la voz cantada. A la manera de Fernando Pessoa, a quien tradujo tan fielmente, sus múltiples creaciones son todos heterónimos de un solo autor que es él mismo, el señor de la palabra.

    Santiago tiene maneras perfectamente singulares de decir «lo otro», como señaló Rafael Felipe Oteriño [presidente de la AAL] respecto de la esencia poética: modos donde, con una elocuencia cotidiana, alza vuelo, honrando así el epígrafe de Hölderlin que eligió para su libro: «Nadie, sin alas, tiene el poder / de captar lo que está cerca». Veamos cómo expresa, por ejemplo, la soledad existencial en su poema «Acodado en una mesa»: No aguardo llamada alguna y sin embargo / no aparto los ojos del celular / ¿Quién me arrancará con un saludo / a esta hueca convivencia con las horas? / A nadie espero y aun así lo espero todo / de alguien que me devuelva / la ilusión de ser por un momento indispensable, / la certeza perdida de un almuerzo a solas, / en el temblor repentino que me dice estás de más, / lo está tu día, tu cuerpo que resiste, / las horas que te dejan acodado en una mesa, / a la espera de que suene el celular.

    Sus poemas dan cuenta de una alquimia capaz de transfigurar un objeto en un sujeto verbal, en «una continuidad de la poesía» (Oteriño). Así, en «Grúa»: Al fondo, a lo lejos, mientras se va el día / buscan el cielo las antenas de la grúa, / plegaria absurda de un enorme insecto erguido.

    En otras palabras, se trata de un espléndido poemario, que merece nuestra celebración y agradecimiento […].

    Seguir leyendo el artículo en La Gaceta Literaria.
 


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