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En la sesión ordinaria del jueves 27 de noviembre, la académica de número Sofía Carrizo Rueda leyó su comunicación titulada «El término “viaje” y su campo semántico en los relatos culturales del siglo XXI».
El artículo de Sofía Carrizo Rueda se publica a continuación y también será difundido —como se hace con todas las comunicaciones de los académicos leídas en sesión ordinaria— en el Boletín de la Academia Argentina de Letras —publicación impresa periódica y órgano oficial de la Academia—, en el número que corresponderá al período de julio-diciembre de 2025.

Sofía Carrizo Rueda — En los comienzos de la Edad Moderna, cuando un autor quería anunciar que en el tratamiento de algún tema ofrecía variedad, abundancia y curiosidad, era frecuente que incluyera en el título, las palabras «selva», «floresta» o la voz latina «silva». El espacio de una naturaleza poblada por diferentes especies, intrincada y sorpresiva era la imagen que mejor expresaba las características de sus escritos. Así, el cronista de Carlos V, Pedro Mexía, que recopiló anécdotas históricas, datos científicos y asuntos poco tratados, desde la antigüedad hasta su época, recurrió al título, Silva de varia lección (1547); Melchor de Santa Cruz que publicó una colección de chistes españoles de todos los tiempos, eligió el nombre Floresta española de apotegmas (1574); y un tercer ejemplo, al lado de muchos otros, es el del embajador de España en Dinamarca y Hungría, D. Bernardino de Rebolledo, que llamó Selva militar y política al tratado donde expuso varias cuestiones de su profesión (ca. 1652).
En las últimas décadas, puede comprobarse que cuando se busca condensar en un solo término, la heterogeneidad, la amplitud y la originalidad con que una serie de hechos, conceptos e imágenes se ofrecen a los receptores, se recurre con insistencia a «viaje» o a su campo semántico. De este modo, la antigua función de un símbolo espacial como la «selva», aparece asumida por otro que, al incorporar la movilidad a lo largo de un itinerario, conjuga lo espacial con lo temporal. Se diría que el concepto de «cronotopo», propio de la obra literaria según Bachtin, se ha extendido, así, a diferentes relatos culturales.
Al principio, la tendencia comenzó a ser frecuente para aludir a recorridos por la historia de las artes visuales o de alguna otra actividad como la escritura, la composición musical e, incluso, la gastronomía. Un ejemplo ilustrativo por el manifiesto propósito de ofrecer una temática dilatada, variopinta y poco previsible, es el libro del arquitecto Christopher Woodward, En ruinas; un viaje por la historia, el arte y la literatura, donde recoge sus reflexiones ante ruinas que describen un amplio panorama desde el mundo clásico hasta los bombardeos de Londres, pasando por palacios barrocos de Sicilia y Cuba. Pero no se refiere, solamente, a aspectos históricos y arquitectónicos -su especialidad- sino que los testimonios están atravesados y expandidos por la incorporación de textos sobre estos vestigios de diferentes sociedades que dejaron autores como lord Byron, Gustav Flaubert, Henry James, Sigmund Freud, y otros representantes de variados contextos […].
Continuar leyendo la comunicación de Sofía Carrizo Rueda.
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