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Rancheras, zambas, pasodobles y foxtrots inspiraron al autor para sus columnas, que nutren el volumen Canciones de moda, que se presentó en la Academia Argentina de Letras.

Enrique González Tuñón publicó originales columnas sobre tangos y canciones en el diario Crítica
Crédito: Archivo General de la Nación.
Daniel Gigena, en La Nación — La corta vida de Enrique González Tuñón, hermano mayor de Raúl González Tuñón, estuvo signada por el periodismo. Muchos de sus libros (publicados por el perspicaz editor Manuel Gleizer) son recopilaciones de crónicas escritas para medios gráficos. El primero, Tangos, con glosas y comentarios de composiciones publicadas en una sección fija del diario Crítica, guarda relación con Canciones de moda (La Docta Ignorancia, $ 40.000), que se presentó el miércoles 10 de diciembre en la sede de la Academia Argentina de Letras (Sánchez de Bustamante 2663).
Zambas, foxtrots, shimmys, rancheras, pasodobles y valses son algunas de las canciones que inspiraron a González Tuñón —autor de un homenaje a Ricardo Güiraldes y de una de las primeras «novelas de dictadores»— para su original columna semanal. El autor nació en Buenos Aires el 10 de marzo de 1901 y murió (como Roberto Arlt) a los 42 años, el 9 de mayo de 1943, en Cosquín.
[…] La edición, notas y glosario de lunfardismos de Canciones de moda estuvo a cargo de la profesora e investigadora Daniela Lauria y el escritor y académico Oscar Conde; este último también es autor de la introducción.
«Canciones de moda está integrado por cuarenta y una glosas que fueron publicadas por Enrique González Tuñón entre 1925 y 1931 en la página de tango que incluía el vespertino Crítica por aquellos años —dice Conde a La Nación—. Durante todo ese tiempo, Tuñón publicaba cada semana una nota escrita sobre la base de la letra de una canción, las más de las veces, por obvias razones, un tango. Normalmente ese texto era un relato amplificado de aquello que contaba la letra: el autor les daba nombres a los personajes, les creaba mínimas biografías, los ubicada geográficamente y contaba la historia agregando detalles. Con veintiún textos seleccionados de entre ese material publicó en 1926 su primer libro: Tangos».
«Pero de a poco este experimento literario empezó a aplicarlo también para contar en prosa letras de valses, de rancheras, de zambas, de pasodobles —agrega el escritor y académico—. Lo que hicimos con Daniela Lauria en esta ocasión fue reunir todos esos textos que no se refieren a letras de tangos y servirnos de una volanta que Tuñón usó en Crítica más de una vez cuando su glosa no estaba referida a un tango: ‘Canciones de moda’. Nos pareció un muy buen título para ‘inventar’ un nuevo libro de este gran escritor hoy casi olvidado. El recorte del contenido posibilita que en este volumen se dé cuenta de cuarenta y una canciones que fueron populares en nuestro país un siglo atrás. Aun en una época donde indudablemente reinaba el tango, estos otros géneros de música popular también tenían su lugar en el gusto del público». Conde señala que más de cien glosas de tangos aún no han sido reunidas en libro.
[…] «El libro Canciones de moda tiene algo de milagroso —dice Álvarez Tuñón a este diario—. Conde y Lauria descubren, y el verbo no es injustificado, aquello que muchos de nosotros ignorábamos: las glosas que mi tío abuelo, Enrique González Tuñón, escribió para el diario Crítica, referidas a canciones populares que, en verdad, no son tangos. Desfilan relatos breves inspirados en las letras de los pasodobles, foxtrot, polcas, shymmis e incluso zambas de moda en aquellos días, textos de estructura narrativa que a veces se apartan de las anécdotas que reflejan las letras y a veces las recrean con finales diversos y personajes que se elevan y crecen más allá de la canción».
Para Álvarez Tuñón, el libro muestra «una faceta distinta y desconocida» del autor, en general identificado con el tango. «Lo ubica en una suerte de escritor que va más allá del lugar en que se lo encasillaba —concluye—. Ahora se revela en esta obra como un narrador nato que hace una historia de cada ‘canción de moda’, las que escuchaban todos aquellos que compraban el diario Crítica y luego se convertirían en sus lectores y viajaban desde la música recordada a la palabra» […].
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