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Los Premios Nadal y Mariano de Cavia, en España, y la Pluma de Honor, en la Argentina, consagraron su talento.

Luciano Román, en La Nación — Haber ganado en un mismo año los premios Nadal y Mariano de Cavia, en España, y en la Argentina la Pluma de Honor de la Academia Nacional de Periodismo, no es una mera casualidad. Es, sí, la confirmación de que Jorge Fernández Díaz ha alcanzado su consagración como periodista y escritor y ha consolidado una obra que combina hondura con originalidad, elegancia con impacto y calidad con coraje.
Si los grandes intelectuales tienen «su año», «su momento», no hay duda de que 2025 fue el año de Jorge Fernández Díaz. No se habían apagado los ecos de Cora, una singular historia de detectives que se había convertido en best seller tras la exitosísima saga de Remil, cuando irrumpió en la escena literaria con El secreto de Marcial, una novela entrañable en la que rinde secreto homenaje a su padre y a toda una generación de inmigrantes que tejió un destino en la Argentina.
Los premios constituyen una trilogía que simboliza, de algún modo, un talento multifacético: el Nadal —que han recibido, en el último siglo, escritores de la talla de Francisco Umbral, Manuel Vicent, Juan José Millás y Juan José Saer— es un reconocimiento al novelista exquisito, versátil, innovador. El Cavia —en el que lo preceden figuras descollantes como Julián Marías, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte, Javier Cercas y Fernando Savater— premia la valentía de un periodista capaz de navegar contra la corriente y de analizar e interpretar los hechos de su tiempo desde una perspectiva única. La Pluma de Honor de la Academia distingue, además de esos valores, un estilo depurado, singular, inconfundible. Son premios que iluminan, entonces, las distintas aristas de una trayectoria periodística y literaria que ha trascendido las fronteras.
Trazar un perfil de Jorge Fernández Díaz exige una exploración por mundos diversos. Representa al cronista cabal, al profesional de curiosidad rigurosa e insaciable, al buscador de datos y al lector amplio y voraz. Pero también pertenece a esa estirpe singular de los intelectuales que se han forjado a sí mismos, no en los circuitos tradicionales de la academia, sino en la búsqueda ecléctica y arriesgada de una manera propia de mirar el mundo, sin renunciar por eso al estudio metódico y sistemático de los temas fundamentales de hoy y de siempre.
La obra de Fernández Díaz es un territorio en el que la política se encuentra con la historia, la literatura y el cine para proponer una mirada más amplia, más honda y de mayor espesor. Su producción periodística, que tiene la puntualidad del artículo semanal, pero que también vibra con la noticia imprevista y el hecho conmovedor, es una especie de gran ensayo sobre la turbulenta peripecia argentina. En él se combinan la interpretación y el análisis con un fuerte compromiso con los valores esenciales del republicanismo democrático […].
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