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Jaime Correas, escritor, miembro correspondiente de la Academia de Letras y periodista, habla de Roberto Juarroz: la palabra necesaria, obra íntima que revalida su mirada juvenil sobre el autor de Poesía vertical, amigo suyo en los 80 y 90.

Jaime Correas y su libro sobre Roberto Juarroz. Foto: Martín Pravata.
José Luis Verderico, en Diario Uno — Anochecer de viernes. A lo lejos, un bocinazo se pierde en la desolada Emilio Civit. Café compartido. Jaime Correas (63) habla de su nuevo libro, Roberto Juarroz: la palabra necesaria. Creación y realidad en la Poesía vertical, con la pasión y la energía que lo distinguen y que lo llevaron a publicar, en tiempo récord, este ensayo sobre la obra del «poeta del otro lado de las cosas». Con Juarroz vivieron una amistad llena de palabras y de silencios, de viajes y de poemas, de cartas y conversaciones por teléfono fijo (eran otros tiempos). Y de admiración.
«Hace dos meses, este libro —editado por Libros de Piedra Infinita, de la mano de Fernando G. Toledo— no había sido siquiera pensado», confiesa Correas, escritor, periodista, exdirector de escuelas de Mendoza y miembro de la Academia Argentina de Letras desde 2021.
[...] —El texto base del libro es mi seminario de licenciatura de la facultad; lo escribí cuando tenía veinticinco años, en 1986. Y está publicado sin haberle tocado ni una coma. Y lo cuento en el prólogo: los únicos que lo habían leído habían sido el director de tesis, Adolfo Ruiz Díaz, mi profesor, y el propio Juarroz.
—¿Cómo lo recibió el poeta?
—Hace 39 años no existía internet. Roberto Juarroz me llamó por teléfono para decirme que le había gustado; lo atendí en mi casa porque sabíamos los horarios en los cuales podíamos hablar.
—¿Cómo seguiste reuniendo los materiales del libro?
—Al gran poeta Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras, le pedí el prólogo, que también invito a que lean. Y después conté, sobre todo, con la complicidad del Fernando Toledo, que hizo un trabajo amoroso alrededor de los detalles y de las cosas de la edición. También yo hice un prólogo para explicar toda esta situación. Ahí está el texto de mi tesis, te insisto, sin haberle tocado ni una coma. Además de los dos apéndices originales de la tesis, le agregué cuatro apéndices.
—¿Absolutamente desconocidos?
—En el libro explico de dónde salieron: me los dio Juarroz en su momento; me dio como treinta poemas; y cuatro quedaron inéditos hasta ahora. Además, tengo una carta de él donde él me autoriza a publicarlos y me dice «hacé lo que quieras», porque en aquella época yo iba a hacer una edición, que quedó en apuntes […].
Leer la entrevista completa en Diario Uno.
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