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Los mil rostros de la IA. Crédito: Shutterstock
Adriana Amado, en La Nación — Una de las obsesiones que trae la popularización de la inteligencia artificial es el temor por las falsificaciones. Para darle dramatismo algunos hablan de deep fake para referirse a las imágenes fraguadas, pero tan verosímiles que temen que alguien podría tomarlas por verdaderas.
Ese temor a que la tecnología haga confundir lo virtual con lo real resulta un tanto exagerada en contraste con la evidencia de que las falsificaciones son parte del mercado y de la política hace décadas.
La palabra trucho que en la Argentina expresa con elocuencia lo engañoso, lo simulado, lo corrupto, era advertida como un neologismo en un boletín de la Academia Argentina de Letras de 1995. Desde entonces se consagró en el sur como un sinónimo de marca fraguada o sufijo creativo en diputrucho […].
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